viernes, 2 de julio de 2010

Memorias de un muerto

Era ya entrada la madrugada, iba en mi Volvo escuchando “Before I decay” a todo volumen. Cansado estaba del trabajo de la compañía y solo deseaba llegar a casa. No se que pasó, solo que en tan solo un instante todo empezó a dar vueltas y mi cuerpo salió disparando del carro, haciendo que mi cara se destrozara en el pavimento. Una muerte instantánea, piensas que es genial ¿no? Sin dolor ni sufrimiento pero sin poder decir mi último adiós en vida. Triste, supongo, después de todo, mi última palabra se me fue arrebatada.

Oía patrullas y una ambulancia, que en estos momentos, ya no me servía para nada. Un tráiler me impactó, escuché decir a los embalsamadores, ahora solo me quedaba quedarme inmóvil mientras ultrajaban mi cuerpo.

Podía oler mi propia putrefacción y apenas estaba comenzando el funeral (aún cuando grite miles de veces que era ateo). El llanto de mi madre se expandía por la habitación, perforando mis oídos provocándome una amargura insoportable, después de todo, nunca aprendí amarla. Mi “prometida”, que no es más que una hija de perra preocupada mas por que se corra su maquillaje que por mi rostro destrozado, lloraba falsamente a lado de mi madre. Y ahora, se preguntarán “¿Y tú padre?”, el debe de estar quejándose en la empresa sobre el gran desperdicio de que el Volvo halla sido pérdida total y el gran gasto del funeral.

Mi cuerpo fue trasladado al cementerio. El día era lluvioso y gris como si estuviera triste por mi desdicha, que escenario tan perfecto ¿no crees? Al menos así puedo imaginarme que las gotas de la lluvia en los rostros de las personas son lágrimas.
Las últimas palabras dirigidas a mi fueron dichas y la tierra empezó a caer sobre mi ataúd. ¿A quién le dirigiré mi último adiós?, pensé al oír retumbar la tierra sobre mi cadáver.

¡Adiós amable y hermosa soledad! ¡Inclusive me estas acompañando en mi muerte!

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