lunes, 12 de diciembre de 2016

Anhelo

Lo que busco en ti sólo son deseos vanos, esperanzas de lo imposible, que quieren transformar tu ser en aquella historia que se convertirá en canción. Musa es lo que deseo ver en ti, cuando la indiferencia es lo que realmente reside. Deseo escribir la historia más genuina y poética, no obstante, la tinta no es capaz de trazar ni una sola letra. Pero, ¿ acaso puedo recriminar tal acto a un tercero? ¿Es pertinente adjudicar mis delirios a alguien que la puerta ni si quiera se ha atrevido a tocar?

Después de todo, no es más que mi desamparo hablando, el que adorna el escenario ante un elenco casi ausente. El que un reparto a ciegas concibe.

Anhelo simple es lo qué es, humano y desamparado tal vez, pero verídico sin dudar.  

miércoles, 19 de octubre de 2016

Palabras

Me encontré con una palabra, estaba aferrada en una pared olvidada. Lucía temerosa y desgastada, como el remanente de una historia destrozada. Tenía que limpiarla, pero aún cuando su caligrafía era incomprensible, sentí pena por ella. Estaba mutilada y desolada en una pared fría e incolora, su situación pintaba a ser bastante injusta. Creí que si la trazaba con la yema de mi dedo podría entenderla, y así al menos, nombrarla antes de borrar su existencia. Darle un nombre le daría sentido a su imperfecta realidad. Después de todo, nos funcionaba a los humanos. Hasta una lápida podría tener. 

La toqué y un pinchazo hizo que retrajera mi mano. Mi dedo índice sangraba levemente, dos pequeños orificios estaban presentes. La desvergonzada se atrevió a morderme. La ira estuvo a punto de tomar control de mi cuerpo, pero ésta desapareció por completo al ver como la pequeña palabra temblaba de forma desvalida. Otra vez sentí pena por ella. Me senté en el suelo, y la observé a la distancia. A los minutos dejó de temblar y noté extrañeza por mi estadía.

— Está bien, no te haré nada— le dije en el tono más suave posible — ¿También estás pérdida? 

Con gesto frágil negó. Continúe con mi monologo, después de todo, no parecía que ella pudiera si quiera pronunciar algo. 

— Yo si estoy pérdida. Bueno, se que debo limpiar todas las paredes, pero no sé porque, hacía dónde ni hasta cuando... ¿Tú tienes alguna idea de eso?

Sin ningún horario que seguir, decidí quedarme a su lado. Su silencio no era tan malo. Sin pensarlo, me motivé a seguir hablando.

— ¿Y tus compañeras? Usualmente las palabras están juntas y forman una historia, o mínimo son párrafos. Nunca había visto a una palabra sola, y mucho menos una tan incomprensible como tú... ¡Oh ya sé! Todas cambiaron de dueño, pero tú te encaprichaste a esta pared.

La palabra se estremeció y, de alguna manera, percibí que me dio la espalda.

— Vamos, no te enojes... No lo dije con saña. Todos no encaprichamos a veces— lentamente la palabra volteó hacía mi de nuevo— O eso supongo, la verdad, yo no estoy segura. No tengo recuerdos, más que los de estos pasillos. Todo es gris aquí, y del gris no me he podido encaprichar. Es más, creo que lo odio. 

Guardé silencio. De alguna manera, creí ser similar a la palabra, pero me equivoqué. Ella aún tenía deseos. Yo no. 

Las lagrimas empezaron a brotar. No comprendía la razón, no sabía que podía llorar. La palabra se sorprendió, pero en lugar de alejarse o ignorarme, me llamó con una voz inaudible. Me paré  y me acerqué a ella, las lagrimas seguían sin parar. Me dio señales de que podía tocarla, pero dudé.

¿Estás segura? No te quiero lastimar.

Ella insistió. La trace suavemente, esta vez no sentí ese dolor punzante. Pude ver su propia esencia, fluyó a través de mi mente la felicidad y tristeza que guardaba en sus lineas restantes. Mis lagrimas en lugar de parar, emanaron con más fuerza y fueron acompañadas de gritos ahogados. Comprendí que aún siendo una sola palabra, ella también formaba una historia completa. 

Mi vista se despejó. Le quería dar gracias por compartir sus recuerdos, pero ella ya no estaba. Temí haberla tallado muy fuerte por accidente y haberla separado de esa pared a la que tanto se aferraba. La debilidad tomó mis piernas y éstas cedieron. No quería que terminara así. 

Inevitablemente mis ojos se nublaron de nuevo, pero el llanto fue parado por un tenue tintineo. Al prestar atención, me di cuenta que provenía de mi pecho. Agudicé mi vista. Ella estaba ahí. No había desaparecido en la nada como yo me temía. Aún era indescifrable en apariencia, pero se mantenía firmemente adherida a mi. 

Los pasillos ya no lucían tan grises. 

martes, 31 de mayo de 2016

Seres eternos


A veces la zozobra se acerca lentamente, tan sigilosa que ni si quiera la escuchas venir. Simplemente te das cuenta de su presencia en el momento que posa sus brazos sobre ti y te abraza con ternura. Ella no busca dañarte, pero igual te asfixia, le pone cadenas pesadas a tu alma y la pesadumbre acompaña tus pasos nuevamente.

Esa zozobra tiene rostro. Sus rasgos son los de aquellos que dejaron atrás su forma original, los que han regresado a la tierra y se han fundido con el universo.

Ella nunca desaparece. Se esconde bajo tu almohada, en las sombras, detrás de una sonrisa, entre notas musicales y en las palabras nunca dichas. Antes de ser ahogada por el polvo del abandono, emerge con fortaleza y sacude el sentir que creías olvidado.

Crea fantasmas, crea seres eternos.