lunes, 2 de noviembre de 2015

Palabras para mi misma.


En momentos nuestra visión es cegada por el sentir y creemos en una eternidad inexistente. Nos ilusionamos infantilmente con ella y nos negamos a ver un final. Tomamos nuestras manos y cubrimos nuestros ojos con ellas. Nos dejamos engullir por los sentimientos, por las palabras dulces y la calidad de la otra persona. No nos damos cuenta que tanto nos hemos hundido en las ilusiones, no hasta que la persona está lejos de ti. La asfixia es inminente a su partida.

De forma desesperada llevas tus manos a tu garganta, quieres detener aquello que no te deja respirar. No te das cuenta que tú mismo te estás generando la asfixia.

En un lapso pequeño experimentas una tristeza inmensurable, rabia, traición, decepción, vacío e inclusive, consuelo. Todo se repite una y otra vez, sin un orden específico. Un remolino se crea, y tú estás en el centro. Alrededor van girando los recuerdos y promesas silenciosas que formaste con esa persona, y también, van bailando en él remordimientos y suposiciones. No bailan una pista en particular, cambian de ritmo y velocidad cuando se les antoja.  

Deseas saber de la persona, pero aún cuando le guardaste mucho cariño, y que en lo profundo de tu mente quieres que tenga una vida feliz, en esos momentos de sofoco anhelas que esté igual que tú. Aunque sea doloroso, quieres que sus sentimientos estén sintonizados de alguna manera. Pero sabes que no es así. Tu lado lógico te dice que ella está bien y que estará mucho mejor a como pasen lo días. Que su vida sigue y no se para, al igual que la tuya, y que por más que desees que ella vuelva a tu lado, sabes que eso no pasará. 

Con los días te das cuenta que tal vez nunca hubo una solución, aunque tú las vieras y creías realmente que podía funcionar. Tal vez la relación tenía más grietas de las que tú veías. Que ella no era tan feliz como tú te imaginabas. 

Al final debes esperar a que el remolino se suavice, que todo lo que habita en él no corte tu piel, en lugar de eso, la acaricie con ternura. En ese momento, te darás cuenta que el fondo del lago también es hermoso, que respirar no se dificulta más y salir a la superficie ya no es complicado.



Esperaré.