martes, 14 de marzo de 2017

Amor egocéntrico

Necesito un amor de esos en que en su mirada sólo me refleje yo y no sea sólo una opción más. De ese que sin dudar tomaría mi mano, que el impulso y miedo de ser tomada por otra persona la lleve a actuar de forma imprudente, con osadía ante el mañana. Un amor sin prejuicios, que prefiera tomar el té con mis demonios en lugar de encerrarlos en el ático. Amor capaz de convertir en deidad al mortal más común. De ese del que casi no existe, pues  nos encaprichamos en mirar hacía cuerpos distantes que, así mismo, añoran calidez extranjera.

Un amor egocéntrico, sin duda, pero paradójico al otorgar simultáneamente la más grande gratificación.   

lunes, 12 de diciembre de 2016

Anhelo

Lo que busco en ti sólo son deseos vanos, esperanzas de lo imposible, que quieren transformar tu ser en aquella historia que se convertirá en canción. Musa es lo que deseo ver en ti, cuando la indiferencia es lo que realmente reside. Deseo escribir la historia más genuina y poética, no obstante, la tinta no es capaz de trazar ni una sola letra. Pero, ¿ acaso puedo recriminar tal acto a un tercero? ¿Es pertinente adjudicar mis delirios a alguien que la puerta ni si quiera se ha atrevido a tocar?

Después de todo, no es más que mi desamparo hablando, el que adorna el escenario ante un elenco casi ausente. El que un reparto a ciegas concibe.

Anhelo simple es lo qué es, humano y desamparado tal vez, pero verídico sin dudar.  

miércoles, 19 de octubre de 2016

Palabras

Me encontré con una palabra, estaba aferrada en una pared olvidada. Lucía temerosa y desgastada, como el remanente de una historia destrozada. Tenía que limpiarla, pero aún cuando su caligrafía era incomprensible, sentí pena por ella. Estaba mutilada y desolada en una pared fría e incolora, su situación pintaba a ser bastante injusta. Creí que si la trazaba con la yema de mi dedo podría entenderla, y así al menos, nombrarla antes de borrar su existencia. Darle un nombre le daría sentido a su imperfecta realidad. Después de todo, nos funcionaba a los humanos. Hasta una lápida podría tener. 

La toqué y un pinchazo hizo que retrajera mi mano. Mi dedo índice sangraba levemente, dos pequeños orificios estaban presentes. La desvergonzada se atrevió a morderme. La ira estuvo a punto de tomar control de mi cuerpo, pero ésta desapareció por completo al ver como la pequeña palabra temblaba de forma desvalida. Otra vez sentí pena por ella. Me senté en el suelo, y la observé a la distancia. A los minutos dejó de temblar y noté extrañeza por mi estadía.

— Está bien, no te haré nada— le dije en el tono más suave posible — ¿También estás pérdida? 

Con gesto frágil negó. Continúe con mi monologo, después de todo, no parecía que ella pudiera si quiera pronunciar algo. 

— Yo si estoy pérdida. Bueno, se que debo limpiar todas las paredes, pero no sé porque, hacía dónde ni hasta cuando... ¿Tú tienes alguna idea de eso?

Sin ningún horario que seguir, decidí quedarme a su lado. Su silencio no era tan malo. Sin pensarlo, me motivé a seguir hablando.

— ¿Y tus compañeras? Usualmente las palabras están juntas y forman una historia, o mínimo son párrafos. Nunca había visto a una palabra sola, y mucho menos una tan incomprensible como tú... ¡Oh ya sé! Todas cambiaron de dueño, pero tú te encaprichaste a esta pared.

La palabra se estremeció y, de alguna manera, percibí que me dio la espalda.

— Vamos, no te enojes... No lo dije con saña. Todos no encaprichamos a veces— lentamente la palabra volteó hacía mi de nuevo— O eso supongo, la verdad, yo no estoy segura. No tengo recuerdos, más que los de estos pasillos. Todo es gris aquí, y del gris no me he podido encaprichar. Es más, creo que lo odio. 

Guardé silencio. De alguna manera, creí ser similar a la palabra, pero me equivoqué. Ella aún tenía deseos. Yo no. 

Las lagrimas empezaron a brotar. No comprendía la razón, no sabía que podía llorar. La palabra se sorprendió, pero en lugar de alejarse o ignorarme, me llamó con una voz inaudible. Me paré  y me acerqué a ella, las lagrimas seguían sin parar. Me dio señales de que podía tocarla, pero dudé.

¿Estás segura? No te quiero lastimar.

Ella insistió. La trace suavemente, esta vez no sentí ese dolor punzante. Pude ver su propia esencia, fluyó a través de mi mente la felicidad y tristeza que guardaba en sus lineas restantes. Mis lagrimas en lugar de parar, emanaron con más fuerza y fueron acompañadas de gritos ahogados. Comprendí que aún siendo una sola palabra, ella también formaba una historia completa. 

Mi vista se despejó. Le quería dar gracias por compartir sus recuerdos, pero ella ya no estaba. Temí haberla tallado muy fuerte por accidente y haberla separado de esa pared a la que tanto se aferraba. La debilidad tomó mis piernas y éstas cedieron. No quería que terminara así. 

Inevitablemente mis ojos se nublaron de nuevo, pero el llanto fue parado por un tenue tintineo. Al prestar atención, me di cuenta que provenía de mi pecho. Agudicé mi vista. Ella estaba ahí. No había desaparecido en la nada como yo me temía. Aún era indescifrable en apariencia, pero se mantenía firmemente adherida a mi. 

Los pasillos ya no lucían tan grises. 

martes, 31 de mayo de 2016

Seres eternos


A veces la zozobra se acerca lentamente, tan sigilosa que ni si quiera la escuchas venir. Simplemente te das cuenta de su presencia en el momento que posa sus brazos sobre ti y te abraza con ternura. Ella no busca dañarte, pero igual te asfixia, le pone cadenas pesadas a tu alma y la pesadumbre acompaña tus pasos nuevamente.

Esa zozobra tiene rostro. Sus rasgos son los de aquellos que dejaron atrás su forma original, los que han regresado a la tierra y se han fundido con el universo.

Ella nunca desaparece. Se esconde bajo tu almohada, en las sombras, detrás de una sonrisa, entre notas musicales y en las palabras nunca dichas. Antes de ser ahogada por el polvo del abandono, emerge con fortaleza y sacude el sentir que creías olvidado.

Crea fantasmas, crea seres eternos.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Palabras para mi misma.


En momentos nuestra visión es cegada por el sentir y creemos en una eternidad inexistente. Nos ilusionamos infantilmente con ella y nos negamos a ver un final. Tomamos nuestras manos y cubrimos nuestros ojos con ellas. Nos dejamos engullir por los sentimientos, por las palabras dulces y la calidad de la otra persona. No nos damos cuenta que tanto nos hemos hundido en las ilusiones, no hasta que la persona está lejos de ti. La asfixia es inminente a su partida.

De forma desesperada llevas tus manos a tu garganta, quieres detener aquello que no te deja respirar. No te das cuenta que tú mismo te estás generando la asfixia.

En un lapso pequeño experimentas una tristeza inmensurable, rabia, traición, decepción, vacío e inclusive, consuelo. Todo se repite una y otra vez, sin un orden específico. Un remolino se crea, y tú estás en el centro. Alrededor van girando los recuerdos y promesas silenciosas que formaste con esa persona, y también, van bailando en él remordimientos y suposiciones. No bailan una pista en particular, cambian de ritmo y velocidad cuando se les antoja.  

Deseas saber de la persona, pero aún cuando le guardaste mucho cariño, y que en lo profundo de tu mente quieres que tenga una vida feliz, en esos momentos de sofoco anhelas que esté igual que tú. Aunque sea doloroso, quieres que sus sentimientos estén sintonizados de alguna manera. Pero sabes que no es así. Tu lado lógico te dice que ella está bien y que estará mucho mejor a como pasen lo días. Que su vida sigue y no se para, al igual que la tuya, y que por más que desees que ella vuelva a tu lado, sabes que eso no pasará. 

Con los días te das cuenta que tal vez nunca hubo una solución, aunque tú las vieras y creías realmente que podía funcionar. Tal vez la relación tenía más grietas de las que tú veías. Que ella no era tan feliz como tú te imaginabas. 

Al final debes esperar a que el remolino se suavice, que todo lo que habita en él no corte tu piel, en lugar de eso, la acaricie con ternura. En ese momento, te darás cuenta que el fondo del lago también es hermoso, que respirar no se dificulta más y salir a la superficie ya no es complicado.



Esperaré.  

miércoles, 17 de junio de 2015

Carta de despedida

13/06/2015

La muerte es irónica,
te muestra futuros imaginarios,
futuros inexistentes que torturan,
aún cuando ella misma los ha destruido.

Sólo los "hubiera" y "tal vez" nacen:
tal vez debí de haber sido menos dura contigo,
si te hubiera puesto más atención...
Pero nada de eso sirve.

Tu rostro triste está grabado en mi  mente,
pues tu muerte fue demasiado solitaria,
capaz de llenar de desolación al más alegre sentimiento.
¿Llamaste por nuestra ayuda? ¿Sufriste mucho?
Son preguntas sin respuesta.

Duele y asfixia,
pero de mi dolor soy celosa.
No dejo que nadie lo toque,
es mío y de nadie más.
Por eso grito en silencio,
por eso doy letras en lugar de lagrimas.

Puede que en eso hayamos sido similares,
tu también eras celoso con tu dolor.

En fotos antiguas veo tu sonrisa,
algo de alivio me dan,
al menos se que en algún momento fuiste feliz,
que tu vida no fue sólo de color gris.

Realmente quería que tu vida cambiara,
que sonrieras sin necesidad de alcohol,
pero el ciclo continúa.

Tu vida no ha terminado,
ésta dará más vida a otros seres vivos.
Tu existencia permanecerá con otra forma,
pero nunca desaparecerá.

Gracias por todo papá.





domingo, 29 de marzo de 2015

¿Qué soy?

Soy carne. Soy espíritu.
Mi mirada es misterio,
mi corazón melancolía.
Ser tu Luna tu perdición.
Pues la ironía es mi espada,
y mi rostro un antifaz.

Soy verdad. Soy vacío.
Mis palabras reales,
mi aislamiento su guardián.
No entres a su abismo.
Tal vez son francas,
pero finalmente maniquís.

Más que acción soy indecisión.
Más que paisaje soy fragmento.