domingo, 26 de junio de 2011

Sin titulo

El camino del instituto a la casa fue igual que siempre, ruidoso y con un calor que quemaba mi rostro como si su único deber fuese. Al llegar a casa, un casi audible “Estoy en casa” esbocé sin esperar una respuesta a cambio. Casi al instante que estaba a punto de comer algo para calmar parte de mí mal humor oí el sonido del timbre, que de antemano sabía, no iba a parar de sonar al menos que lo atendiera. Con hastío me dirigí hacia la puerta para calmar la curiosidad de la vecina que venía a tocar la puerta de mi casa como si de su nueva rutina diaria se tratara.

― ¿En qué le puedo ayudar? ― pronuncié de una forma educada pero malhumorada esperando que surtiera efecto para que aquel encuentro fuera lo más corto posible.

― Ah Francis― mencionó mi nombre con un toque de nerviosismo y tras intentar ver algo en mi mirada prosiguió cautelosa― ¿Todavía no ha llegado tu madre? Es solo que ocupo hablar con ella sobre un asunto― finalizo esa frase intentando forzar una sonrisa en su rostro que solo terminó de demostrarme el desagrado que sentía hacia mí.

― ¿Qué “asunto” tiene que hablar con ella? Tal vez yo le pueda pasar su mensaje, recuerde que ella no volverá durante un tiempo― tras pronunciar aquello una leve risa de mofa salió de mi boca, lo cual la puso un poco más tensa.

― No es nada importante― mintió mientras intentaba ver dentro del departamento, cosa que me molestó de sobremanera.

― En ese caso si no es nada importante la tengo que dejar ya que me interrumpió cuando estaba a a punto de comer― mencioné con un tono de irritación perfectamente visible.

― Ah lo siento― dijo con más miedo que culpa― ¿Si estas comiendo bien? ― agrego intentando ser cordial aun cuando, al igual que yo, ya quería terminar con aquella conversación.

Reí a lo bajo por la ironía de la pregunta― Créame que muy bien― cerré la puerta antes que ella dijera algo mas― Estúpida puta― Finalicé sin importarme la posibilidad que ella escuchara aun con la puerta cerrada.

Nuevamente me dirigí hacia la cocina que solo contaba con una mesa pequeña con dos sillas y los electrodomésticos que normalmente hay en una. Abrí el refrigerador y saque una olla que cada día pesaba menos. Tome un cuenco y me serví un poco del caldo que había preparado días antes. Empecé a masticar los pedazos de carne cuando algo pequeño y duro empezó a impedirme aquella tarea que disfrutaba de sobremanera.

Escupí aquello que reprimía el hecho de degustar mi comida.

― ¿Un hueso? ― me pregunté a mi mismo ingenuamente― Creí que la había despellejado bien ― pronuncié un tanto pensativo, pero nuevamente el timbre interrumpió.

Me pregunto a que sabrá― Dije para mis adentros y nuevamente una leve risa se formo sin mi consentimiento al instante que me levantaba de mi asiento para atender una vez mas a mi vecina.

No hay comentarios:

Publicar un comentario