lunes, 11 de abril de 2011

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Pero ¿crees que vale la pena pegarse por un bol de gelatina de limón? ¿Por qué la gelatina? ¿Por qué ahora?

Francis lo comprendió. Peter tenía una forma de incluir preguntas importantes en otras insignificantes, una cualidad que Francis admiraba por que mostraba la capacidad de pensar más allá de las paredes de Amherst.

―Es por tener algo, Peter― respondió despacio―. Es por poseer algo tangible en este sitio en que no tenemos casi nada. No es por la gelatina. Es por poseerla. No vale la pena pegarse por un bol de gelatina, pero sí por algo que te recuerda quien eres y lo que podrías ser, y el mundo que nos espera si podemos reunir suficientes cosas pequeñas que vuelvan a convertirnos en seres humanos.”

¿Cuántas veces yo no intente tener algo por el simplemente hecho de poseerlo y así llenar mi vacío? ¿Cuántas veces no salí de mi casa enojada o con la cabeza hacia abajo y me dirigí a un centro comercial? ¿Cuántas veces no desee arrebatarle algo a alguien aun cuando si quiera lo deseaba?

Es gracioso el darse cuenta que incontablemente busque llenar los vacíos con cosas materiales, que prácticamente, es lo único que eh podido poseer. Y es aún más gracioso que aun cuando no me encuentre confinada en cuatro paredes blancas, mi alma esté aislada de la realidad, alejada de la felicidad anhelada por simples barrotes imaginarios que sin razón aparente son más resistentes que unos físicamente reales.

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