domingo, 9 de octubre de 2011

11:06 p.m


Obscuridad y silencio total. Algo estaba mal, fue capaz de advertir al instante que salió de aquel íntimo y acogedor lugar.

Podía sentir un dolor abrumador en su estomago, algo ahí le escocía. No podía moverse, sus gemidos de angustia y aflicción no paraban. Su consuelo, pero al mismo tiempo su ansiedad, provenían de aquel calor que podía percibir a lo lejos, el calor corporal de su madre.  Antes de si quiera tener la oportunidad de que su dolor fuera apaciguado por una caricia fue tomado por una mano áspera; desesperación aunado a dolor dio resultado de aquella acción.

El  calor y la aspereza desaparecieron, remplazándolos la sensación de frio y suavidad del plástico. De improvisto el ambiente cambio, ahora era capaz de sentir a través del plástico repentinas corrientes de frio que después fueron acompañadas de la frigidez del metal. A su crío cuerpo se le multiplicó el dolor, sus gemidos se intensificaron.  

Buscaba consuelo, buscaba salvación; aun cuando si quiera era capaz de razonar esas dos palabras.  

La noche transcurrió lentamente haciéndose venidera la madrugada, la calle se encontraba completamente desierta. Sus intestinos que se encontraban externamente fueron carcomidos cada vez más rápido por las bacterias, que simultáneamente se expandían a los demás órganos de su cuerpo.  Dejó de sollozar, su ritmo cardiaco que ya era casi nulo se paro completamente.   


El frio de su cuerpo se extendió de forma parcial, el dolor desapareció.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario