martes, 29 de julio de 2014

Esperanza



Creí que aún estaba allí, pues me gritaba su presencia al oído. Pero en cuanto volteaba para que nuestras miradas se cruzaran, no podía atisbar nada.

En esos momentos intentaba animarme a mi misma, antes que las garras de la zozobra me atraparan. "¡Sigue allí! Solo que en este momento no puedes verlo, te lo aseguro!" Me decía a mi misma.

Tenía que creer en esa inocente mentira. Pues aún cuándo pasaba el tiempo, seguía siendo el mismo gato callejero, aquel que aún cuando parecía distante, ansiaba el calor humano.


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